En el “Libro Blanco sobre Educación y Formación:
Enseñar y aprender, hacia la sociedad del conocimiento”, publicado por la Comisión Europea
en 1995, se lee: “la experiencia muestra que los sistemas más descentralizados
son también los más flexibles, los que se adaptan más rápido y permiten
desarrollar nuevas formas de cooperación con el tejido social”.
Hoy, en los centros, la diversidad y la
interculturalidad constituyen la norma…Si los usuarios, los protagonistas, los alumnos, son diversos, los centros
educativos también lo son. Cada centro tiene sus alumnos, sus profesores, sus
familias, su contexto y entorno, sus necesidades, sus expectativas, sus logros,
su trayectoria y su personalidad. Por ello, los centros educativos necesitan
sus cuotas de libertad y de gestión para desarrollar su propio proyecto
educativo, el que responde a su identidad y expectativas.
En ciertos entornos, sin embargo, se fomenta una
imagen mercantilista de la autonomía de los centros educativos. Especialmente
en relación a los colegios concertados y con la excusa de la libertad de
elección de los padres, los centros disponen de sistemas de “selección” del
alumnado hacia las familias con mayores recursos económicos dando lugar a la
segregación de los estudiantes en un mismo entorno social: los de mayores
recursos económicos a colegios concertados y los de menores a colegios
públicos.
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