Caso: C. once años, alumno de 6º de Primaria, de origen rumano.
Ha repetido un curso de primaria por sus problemas con el idioma pero una vez
superadas las dificultades iniciales sigue el curso sin problemas. Se ha visto
en cursos anteriores discriminado respecto a sus compañeros (por ejemplo, no
era invitado a los cumpleaños) pero se ha integrado dentro de un pequeño grupo
que se hace respetar aunque sigue sufriendo bromas puntuales por parte de
algunos compañeros, especialmente V, alumno problemático pero físicamente débil
por lo que puntualmente participa en riñas dentro del colegio de las que sale
perdiendo. Sus padres le compran una nueva cazadora que C lleva al centro
educativo ufano. En un descuido V coge la cazadora de C del perchero de la
clase, la saca del centro educativo y la arroja a un canal, perdiéndose de
vista. V es acusado por otros compañeros de clase que se lo dicen a C y éste a
sus padres.
Los padres de C hablan con los padres de V que se
quejan de que su hijo también viene quejándose de agresiones puntuales en el
colegio y aunque muestran predisposición a pagar la cazadora de C ponen unas
condiciones imposibles y finalmente terminarán por no abonarla en absoluto.
Puesto en manos de la
dirección del centro, éste decide que no es de su incumbencia puesto que la
cazadora ha sido arrojada a un canal fuera del centro educativo y no puede
hacerse responsable de lo que pase fuera de sus instalaciones. Se le indica que
el robo sí se ha producido dentro del centro y se amenaza con solicitar una
inspección a partir de lo cual el centro lo pasa a considerar de su
incumbencia.
El centro, durante el
recreo, llama a los dos alumnos a una entrevista conjunta. C denuncia el robo
de su cazadora y V se queja de agresiones anteriores que C niega. La entrevista
se cierra con el compromiso de ambos de evitar futuros conflictos.
La forma de resolver la
situación no es la más adecuada porque no sirve a ningún objetivo educacional
ni en lo que respecta a C ni en lo que respecta a V. El alumno C tiene razones
para pensar que su situación no ha mejorado con la intervención del centro, ni
ha recuperado su cazadora, ni ha sido reconocida su condición de víctima, ni
tiene razones para pensar que el conflicto ha sido resuelto y puede esperar
otras acciones por parte de V del mismo tipo.
En el caso de V ni se ha
reconocido su condición de maltratador, ni ha visto que su acción haya tenido
consecuencias negativas y puede haber llegado a la conclusión de que la
exposición de sus propios problemas, reales o inventados, le es suficiente para
salir del paso. Tampoco es consciente de que sus acciones puedan ser
consideradas de maltrato y acoso a un compañero, ni es consciente de las
repercusiones que sus acciones puedan tener sobre su compañero.
La actuación del centro
parece más destinada a evitarse problemas que a resolver la situación como
demuestra que intentase desvincularse del problema amparándose en que el acto
había tenido lugar fuera del centro cuando no era así. El centro sigue una
pauta de simetría respecto a víctima y agresor, ambos pierden su hora de
recreo, ambos son llamados a entrevista, ambos exponen sus quejas reales o
ficticias en igualdad y ambos son forzados a un compromiso de respeto mutuo que
obviamente no pasa de ser una declaración sin contenido.
El centro no parece
sentirse en la necesidad de formar a los alumnos en las consecuencias del
acoso. Aunque conceptos como la discriminación o la igualad entre sexos han
sido ampliamente tratados en el colegio siempre se ha hecho sobre unas bases
muy generales sin vinculación directa con el comportamiento de los alumnos con
sus compañeros.