De acuerdo con Lawrence
Kohlberg 1976, en la etapa adolescente los juicios de carácter moral con los
que el adolescente justifica sus acciones se basan principalmente en la
aprobación de los demás. La definición de una identidad propia en el
adolescente va a estar ligada al rol que pretende desempeñar de cara a sus
iguales en el entorno del centro educativo o de los amigos. Aunque el entorno
del aula puede suponer sólo una fracción de la interacción del adolescente con
el mundo, ésta tiene una influencia singular pues le supone un entorno extraño
respecto al resto.
En un modelo tradicional
de aprendizaje la asignación de roles entre profesores y alumnos está
perfectamente definida. El profesor explica la lección y los alumnos atienden o
toman notas. En este escenario el rol de todos los alumnos es exactamente el
mismo: un rol pasivo. Una buena parte de los alumnos asumirán la disciplina del
aula a causa de la autoridad del profesor o por miedo al castigo pero para alumnos
que busca la atención o la aprobación del resto de sus compañeros paradójicamente
la falta de especificación de un rol les llevará a quebrantar la disciplina del
aula sea llamando la atención, interrumpiendo, etc.
José Francisco Suárez Roa
cuenta entres sus mayores éxitos como educador el caso de R. Alumno
especialmente conflictivo y potencial delincuente juvenil. Del cual consiguió
sacar de una espiral de conflictividad poniéndole a cargo de la disciplina en
el aula. Según el propio R “Era la primera vez que alguien me daba una
responsabilidad”. Este es un ejemplo de cómo la asignación de un rol específico
a un alumno puede llevarle a cambiar su comportamiento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario