martes, 28 de enero de 2014

Dos racionalidades, una propuesta educativa

Dos concepciones de la educación, no necesariamente ligadas a un modelo social, simplemente ligadas al interés del alumnado ya sea para desarrollar una carrera académica ya sea para acceder a un futuro profesional, o a emanciparse como adulto. Un modelo tradicional orientado a la asimilación de contenidos y a la selección de los mejores para su futuro académico, o un modelo pedagógico orientado a la adquisición de competencias y a la atención a la diversidad.

En realidad no hay posibilidad de elección. En lo que respecta a la formación en ciencias, por lo menos, las dificultades con las que tropieza el estudiante no vienen derivadas de su falta de contenidos si no de su falta de competencia para profundizar en los conceptos científicos. Las quejas habituales de los profesores universitarios radican más en la persistencia de preconcepciones erróneas y falta de aptitud científica que en la extensión del conocimiento de los estudiantes. La meta principal, por tanto, de un modelo tradicional de aprendizaje, la preparación para el desarrollo académico, choca frontalmente con lo que la universidad exige.

Por otro lado, un modelo de aprendizaje orientado a la selección de estudiantes deja de lado un amplísimo y mayoritario abanico de profesionales que sin plantearse un futuro académico sí van a encontrar necesarias aptitudes propias de la ciencia y competencias desarrolladas en el aprendizaje de las ciencias. Lo cual, sin duda, no va a estar en el interés de los estudiantes ni de sus familias.

No hay elección posible porque el modelo tradicional no es útil ni para el desarrollo académico futuro del estudiante ni sirve a los intereses de la inmensa mayoría de los estudiantes y sus familias.

Sin embargo, a tenor de las aportaciones de los compañeros, las dificultades que ve el docente a la hora de cambiar su metodología se centran en la falta de tiempo para cubrir el contenido del curso y la existencia de exámenes de calificación general, selectividad.

JF, por ejemplo, profesor de secundaria de física y química declara que su cometido, dada la dificultad de sus asignaturas, es que los estudiantes no abandonen la asignatura por lo que intenta hacer las clases lo más amenas posibles y sólo en último año de bachillerato fuerza la presión para cubrir todos los contenidos.     

El reto de un modelo educativo que pretende desarrollar competencias de trabajo parece ser el de que a su vez sea capaz de cubrir todos los contenidos del curso. En este sentido cabe decir que aunque para un modelo tradicional de enseñanza cubrir todo el contenido del currículo sea relativamente fácil para el docente esto no implica que el alumno también asuma todo el contenido del curso, probablemente todo lo contrario. Probablemente lo que un alumno estudie para un examen en Noviembre ya lo haya olvidado para un examen de selectividad en Junio del siguiente año si la estrategia de aprendizaje no ha conseguido que se interioricen los conceptos y pasen a formar parte de su modelo de interpretación del mundo que le rodea. En un modelo de aprendizaje que también aspire a preparar al estudiante para una prueba selectiva lo relevante no es lo que el profesor enseñe si no lo que el estudiante aprenda.

En este sentido por tanto, las dificultades que encuentra el profesorado para superar el modelo tradicional no vienen derivadas de la eficacia del mismo para cubrir todos los contenidos si no de la falta de confianza que le inspira una forma de aprendizaje en la que no puede controlar no sólo lo que el alumno aprende si no sobre todo lo que al alumno se le enseña.  

         

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