Ferrán Adriá, elegido por la revista Time en 2004 como una de las diez personas más innovadoras del mundo y entre las cien personas más influyentes.
En los último años hemos visto como, desde un oficio relativamente modesto como es el de cocinero, la idea de España como ejemplo de innovación se ha visto aupada hasta el número uno mundial. En la cocina de Ferran Adriá se han mezclado la ciencia, el arte, la filosofía y la pedagogía. Ferrán Adriá ha conseguido además extender su concepción de la cocina a base de transparencia y pedagogía a toda la restauración española situándola en la cabeza del mundo y convirtiéndola en un referente histórico.
Supongamos que nos planteamos una educación secundaria que pretenda producir talentos como el de Ferrán Adriá. Requiere conocimientos de arte, filosofía, y también de conocimientos científicos pero no como preparación para la universidad si no para el aprovechamiento de acuerdo a sus fines. Y, sobre todo, exige el desarrollo de competencias de trabajo en equipo, creatividad, etc.
En los modelos de aprendizaje de las ciencias se suelen distinguir dos metas formativas:
Entre el científico y el ciudadano de la calle sin más aspiraciones científicas existe, sin embargo, un amplio abanico de profesionales para los que la ciencia ni es una prioridad ni tampoco una mera curiosidad intelectual. El uso de la ciencia como motor de innovación por parte de profesionales de una disciplina en principio tan alejada del trabajo científico como es la de cocinero pone de relieve que la aportación de la ciencia no puede restringirse a modelos tan superficiales. El modelo de educación secundaria y bachiller para una sociedad en la que prima la innovación a todos los niveles exige el desarrollo de competencias que no sólo son útiles para el desarrollo académico posterior si no también para la formación de profesionales en ámbitos no académicos sean cocineros, pintores, fontaneros, etc.
Supongamos que nos planteamos una educación secundaria que pretenda producir talentos como el de Ferrán Adriá. Requiere conocimientos de arte, filosofía, y también de conocimientos científicos pero no como preparación para la universidad si no para el aprovechamiento de acuerdo a sus fines. Y, sobre todo, exige el desarrollo de competencias de trabajo en equipo, creatividad, etc.
En los modelos de aprendizaje de las ciencias se suelen distinguir dos metas formativas:
- Selectiva. El modelo de aprendizaje de las ciencias se orienta a la selección y preparación de futuros científicos.
- Formativa: El modelo de aprendizaje de las ciencias se orienta a la formación de los individuos en la sociedad. De su aprendizaje de las ciencias obtiene su capacidad para tomar decisiones en un entorno social.
Entre el científico y el ciudadano de la calle sin más aspiraciones científicas existe, sin embargo, un amplio abanico de profesionales para los que la ciencia ni es una prioridad ni tampoco una mera curiosidad intelectual. El uso de la ciencia como motor de innovación por parte de profesionales de una disciplina en principio tan alejada del trabajo científico como es la de cocinero pone de relieve que la aportación de la ciencia no puede restringirse a modelos tan superficiales. El modelo de educación secundaria y bachiller para una sociedad en la que prima la innovación a todos los niveles exige el desarrollo de competencias que no sólo son útiles para el desarrollo académico posterior si no también para la formación de profesionales en ámbitos no académicos sean cocineros, pintores, fontaneros, etc.

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