martes, 28 de enero de 2014

Cambio de rol e identidad I

Es sabido que en la etapa adolescente el estudiante se encuentra en una etapa convulsa entre la etapa infantil y su preparación para la vida adulta, en la que se encuentra en la búsqueda de su propia identidad. En esta búsqueda es común que el joven aplique estrategias tendentes a identificarse dentro de un grupo de iguales, copiando y asumiendo roles de comportamiento que o bien le reconocen como miembro del grupo o bien le identifican una función particular dentro del grupo. Tenemos al gracioso, al bromista, al que interrumpe, al deportista, al rebelde, etc. A menudo esta estrategia de definición de la propia identidad va a resultar contraproducente para el desarrollo del niño puesto que no está ligada ni a su educación ni a su preparación para la vida adulta.

Por otro lado al asumir un rol y una identidad buscando la atención o la aprobación de los compañeros se niega la posibilidad de interaccionar en entornos diferentes; respecto de la familia, del mundo de los adultos, ante nuevas responsabilidades, en el mundo laboral, etc.

En el siguiente caso, conocido por nosotros, el estudiante cambia radicalmente su comportamiento al modificarse el entorno y el rol que en el nuevo entorno asume.

Caso: K. once años, alumno de 6º de Primaria, de origen polaco, perteneciente a una familia desestructurada. La madre en un centro de desintoxicación, el padre en paradero desconocido, vive en un centro social. Problemas graves de comportamiento en el colegio incluida una agresión a un profesor. K., sin embargo, demuestra un comportamiento ejemplar en torneos de ajedrez. Ayuda a preparar las mesas, comprueba su nombre en el listado de inscritos, comprueba su emparejamiento, da la mano a su contrincante al empezar la partida, se mantiene en silencio durante el juego, al terminar gane o pierda felicita a su contrincante y coloca las piezas, al finalizar el torneo ayuda a recoger las mesas.
El cambio de comportamiento se puede deber a la existencia de unas reglas de disciplina muy sencillas pero muy concretas y cuya utilidad es fácil de entender, pero que dirigen el comportamiento de principio a fin durante cuatro horas. También se puede deber al cambio de entorno donde los chicos prácticamente no se conocen entre sí y K. no tiene asignado un rol determinado.

A K le conocemos principalmente por su participación en torneos de ajedrez donde siempre ha demostrado un comportamiento exquisito tanto hacia los adultos que forman parte de la organización como respecto a sus compañeros. Fue para nosotros una grandísima sorpresa saber de sus problemas de disciplina en el centro escolar y de su comportamiento agresivo respecto a sus profesores y compañeros de clase. Hay que mencionar que K no es un jugador especialmente sobresaliente, no suele ocupar los primeros puestos en la clasificación manteniéndose en un discreto segundo plano y tampoco demuestra una especial pasión por el juego en sí, por lo que podemos asumir que el interés que le lleva a participar en los torneos de ajedrez radica más bien en la seguridad que le provoca el entorno de una práctica competitiva y comunitaria. Los organizadores, mesa y árbitros, no hace el papel de cuidadores ni de profesores. La disciplina propia del torneo se basa en una serie de reglas cuya justificación viene dada por sí misma. En la competición participan niños desde 5 a 16 años, no es una competición entre iguales al modo en que se puede encontrar en una clase. Hay niños mucho más pequeños y otros mucho mayores con lo que la conducta agresiva para proteger su espacio queda fuera de lugar.

En un entorno tan radicalmente diferente de su entorno habitual el niño no encuentra sentido para su forma corriente de actuar y se ve forzado a cambiar su rol de cara a la aprobación de los demás. Mantiene su cuota de protagonismo pero en esta ocasión intentando formar parte de la organización, ayudando en las tareas organizativas e intimando con los árbitros y personal de la organización.



Este ejemplo, entre otros, nos ha llevado a pensar que el cambio de entorno de los alumnos a entornos controlados pero cualitativamente diferentes puede exigir del adolescente una reorganización de su estrategia en búsqueda de identidad y derivar en un cambio de comportamiento que le puede llegar a ser provechoso para su aprendizaje y formación posterior, facilitándole su acceso a la vida pública y el entorno laboral. 

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