martes, 28 de enero de 2014

Estrategias frente al acoso escolar I

Caso: C. once años, alumno de 6º de Primaria, de origen rumano. Ha repetido un curso de primaria por sus problemas con el idioma pero una vez superadas las dificultades iniciales sigue el curso sin problemas. Se ha visto en cursos anteriores discriminado respecto a sus compañeros (por ejemplo, no era invitado a los cumpleaños) pero se ha integrado dentro de un pequeño grupo que se hace respetar aunque sigue sufriendo bromas puntuales por parte de algunos compañeros, especialmente V, alumno problemático pero físicamente débil por lo que puntualmente participa en riñas dentro del colegio de las que sale perdiendo. Sus padres le compran una nueva cazadora que C lleva al centro educativo ufano. En un descuido V coge la cazadora de C del perchero de la clase, la saca del centro educativo y la arroja a un canal, perdiéndose de vista. V es acusado por otros compañeros de clase que se lo dicen a C y éste a sus padres.
Los padres de C hablan con los padres de V que se quejan de que su hijo también viene quejándose de agresiones puntuales en el colegio y aunque muestran predisposición a pagar la cazadora de C ponen unas condiciones imposibles y finalmente terminarán por no abonarla en absoluto.
Puesto en manos de la dirección del centro, éste decide que no es de su incumbencia puesto que la cazadora ha sido arrojada a un canal fuera del centro educativo y no puede hacerse responsable de lo que pase fuera de sus instalaciones. Se le indica que el robo sí se ha producido dentro del centro y se amenaza con solicitar una inspección a partir de lo cual el centro lo pasa a considerar de su incumbencia.
El centro, durante el recreo, llama a los dos alumnos a una entrevista conjunta. C denuncia el robo de su cazadora y V se queja de agresiones anteriores que C niega. La entrevista se cierra con el compromiso de ambos de evitar futuros conflictos.

La forma de resolver la situación no es la más adecuada porque no sirve a ningún objetivo educacional ni en lo que respecta a C ni en lo que respecta a V. El alumno C tiene razones para pensar que su situación no ha mejorado con la intervención del centro, ni ha recuperado su cazadora, ni ha sido reconocida su condición de víctima, ni tiene razones para pensar que el conflicto ha sido resuelto y puede esperar otras acciones por parte de V del mismo tipo.

En el caso de V ni se ha reconocido su condición de maltratador, ni ha visto que su acción haya tenido consecuencias negativas y puede haber llegado a la conclusión de que la exposición de sus propios problemas, reales o inventados, le es suficiente para salir del paso. Tampoco es consciente de que sus acciones puedan ser consideradas de maltrato y acoso a un compañero, ni es consciente de las repercusiones que sus acciones puedan tener sobre su compañero.
La actuación del centro parece más destinada a evitarse problemas que a resolver la situación como demuestra que intentase desvincularse del problema amparándose en que el acto había tenido lugar fuera del centro cuando no era así. El centro sigue una pauta de simetría respecto a víctima y agresor, ambos pierden su hora de recreo, ambos son llamados a entrevista, ambos exponen sus quejas reales o ficticias en igualdad y ambos son forzados a un compromiso de respeto mutuo que obviamente no pasa de ser una declaración sin contenido.


El centro no parece sentirse en la necesidad de formar a los alumnos en las consecuencias del acoso. Aunque conceptos como la discriminación o la igualad entre sexos han sido ampliamente tratados en el colegio siempre se ha hecho sobre unas bases muy generales sin vinculación directa con el comportamiento de los alumnos con sus compañeros. 

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