Si bien el centro no niega la posibilidad de consultar el Proyecto de Educación del Centro (legalmente no puede hacerlo) tampoco pone precisamente muchas facilidades. La idea de consultar en horario de secretaria, en un ordenador del centro, un documento de posiblemente alrededor de un centenar de páginas es directamente impracticable para la inmensa mayoría de las familias. Sobre todo choca con la facilidad y rapidez con la que se puede enviar el documento en formato digital simplemente a través de un correo ordinario.
Puede no ser, sin embargo, lo habitual. Hay varios PEC de centros que se pueden descargar de forma pública desde Internet. Pero sí pone de relieve la desconfianza del centro hacia la intromisión de las familias en la organización del sistema educativo. Un comportamiento en gran medida predecible, propio del profesional que no quiere ver su espacio de trabajo ocupado por el profano.
La relación entre la familia y la escuela no se basa en un deseo voluntario de cooperación para optimizar los resultados si no en la cooperación obligatoria para resolver problemas puntuales. Las familias acceden al centro cuando perciben un problema para su hijo, el centro llama a las familias cuando perciben que el alumno supone un problema para el centro. Si no hay una exigencia significativa de la educación la relación no puede pasar de la mera superficialidad.

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