El “Panfleto antipedagógico” de Ricardo
Moreno Castillo difícilmente puede tomarse en serio. Basado más en prejuicios
que en datos objetivos, sustituye los datos científicos por anécdotas
históricas y citas célebres. Tal vez sea un ejemplo característico del tipo de
análisis al que el sistema educativo no debe dar a lugar. De ilustrados dotados
de una amplia memoria pero incapaces de hacer un análisis medianamente serio
sobre bases meramente científicas y todavía guiados por el principio de la
autoridad y prejuicios ideológicos. Y, sin embargo, las conversaciones
mantenidas con profesores con bastante más capacidad de análisis que Ricardo
Moreno coinciden en el rechazo a la moderna pedagogía. JM profesor de primaria,
por ejemplo, se queja del papel desempeñado por los orientadores en relación a
su volumen y a la poca ayuda que suponen para el trabajo del día a día. JF
profesor de filosofía en secundaria se queja de que “vengan a cambiarlo todo,
incluidas las cosas que ya funcionan”.
El rechazo de los profesores a la
pedagogía no está dirigido, sin embargo, a los propios contenidos de la
pedagogía. Los profesores que nos han demostrado su rechazo comparten muchos de
las modernas estrategias pedagógicas y, en ningún caso, podrían ser
considerados profesores tradicionales en el más tradicional sentido del
término. La impresión es que su rechazo no deriva de la propia pedagogía en sí
si no al modo en que los pedagogos han invadido los centros escolares, según JM
“como un elefante en una cristalería”. Las mayores críticas se dirigen hacia
una cierta aptitud prepotente y soberbia. Laura Rayón implícitamente da fe de
este efecto cuando cuenta la anécdota de un centro encantado con su orientadora
porque según su director “argumenta” (que viene a decir que el hecho de que la orientadora argumente es la excepción a la regla). JM comenta que los pedagogos, sin tener
experiencia docente, te tratan sin embargo como si llevases toda la vida
haciéndolo mal, hundido en técnicas desfasadas de enseñanza. Parece claro que
el rechazo entre la comunidad de profesores hacia la pedagogía no deriva de la
pedagogía si no de la aptitud de los pedagogos a la hora de enfrentar el cambio
de modelo en las aulas.
La experiencia en implantación de
sistemas informáticos y procesos puede ser útil en este sentido. El proceso de implantación
de un nuevo procedimiento en una organización exige primero la involucración de
los usuarios finales más que de los órganos de dirección. Si los que tienen
finalmente que cambiar su forma de trabajar no están involucrados el cambio de
procedimientos simplemente no se lleva a cabo o se lleva a cabo de modo
defectuoso por mucha que sea la presión desde la dirección. Y lo que es más el
personal no puede involucrarse si no detecta que el nuevo procedimiento le va a
resolver parte de sus problemas y, por tanto, a la larga le va a resultar
beneficioso. En cierto aspecto el responsable de implantación actúa como un
comercial que “vende” un producto a posibles compradores. El proceso de
implantación de los nuevos modelos pedagógicos parece haber fallado a la hora
de “venderse” al profesorado. Han confiado en las presiones de la dirección en
lugar de centrarse en “vender” las bondades de su producto a la comunidad
docente.
Martín, en lo que a mí respecta, cuando traje a colación la anécdota de "la orientadora que "argumenta", no era para evidenciar que los orientadores no lo hagan en su trabajo, si no que el cambio y la mejora de la educación es posible con argumentos que nacen del contraste entre lo que planificamos y lo que hacemos. En absoluto quise evidenciar que sea algo de lo que carecen los profesionales de la orientación, o que caracterice a la actitud profesional de los orientadores.
ResponderEliminarComo supongo que a estas alturas del curso te habrás dado cuenta que opinar sobre educación es fácil, todo el mundo lo puede hacer sin demasiados problemas, pero hacer buena pedagogía no es tan fácil. Y ahí creo que algunos profesores, los anti, saben que no hacen las cosas del todo bien. Incluso pueden estar de acuerdo en formas innovadoras de enseñar, pero para ser buen profesor, hay que predicar con el ejemplo. Así pues, habrás podido oírles decir, pero ¿sabes que hacen en sus aulas, qué procesos de aprendizaje generan, cómo evalúan a sus alumnos, cómo se muestran en las aulas y ante el conocimiento de la materia que imparten? Ahí es donde hay que mirar. Te dejo un artículo de un gran pedagogo, que pone en su sitio la corriente antipedagogía que vivimos en este país, para que tengas otra óptica del problema, " En defensa de la Pedagogía", JOSÉ GIMENO SACRISTÁN 15 DIC 2008, EL PAÍS.
Estoy segura que te hará pensar, y te situará en otra posición que te permita entender que la pedagogía a veces se denosta achacando al que la mantiene una actitud prepotente, pero no es prepotencia, es saber, y como se dice el artículo, un saber que quizás no permita ejercer un gran poder sobre el sistema educativo y quienes lo conforman, pero un saber que nace de las tradiciones de pensamiento. Grandes pensadores, muchos de los cuáles fueron profesores asumiendo, reconociendo, y haciendo pedagogía, a la que nunca renunciaron, ponen el acento en que para enseñar hay que estar preparado para hacer pedagogía.
Estimado Martín, otro artículo, con razones de peso que te permitirán ampliar y profundizar en la poca solvencia de esa corriente antipedagógica, del mismo autor, Gimeno Sacrístan, del 31 marzo 2013, en el País. "Primero saber y solo después opinar".
ResponderEliminarEspero que te permita reflexionar.
Estimada Laura. Me temo que no me has leído con atención o, por lo menos, no me veo en modo alguno aludido ni por tus comentarios ni por los artículos de Gimeno Sacristan. En el texto ya se resalta que las críticas anti-pedagógicas resultan bastante burdas y que la aptitud de rechazo hacia la pedagogía que se puede advertir en algunos profesores no está realmente dirigida a la pedagogía si no al modo en que en algún caso se ha podido introducir en las aulas... Lo que probablemente tampoco sea imputable ni a la pedagogía, ni a los pedagogos, ni a los orientadores si no posiblemente a la antigua costumbre de la administración pública por imponer los cambios a golpe de legislación. Si lees el texto con atención probablemente te des cuenta de que el texto no está ni siquiera dedicado a la pedagogía si no al modo en que los cambios pueden llegar a tener un efecto real en el sistema educativo.
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